Primera Etapa: Chelsea Volturi TR

Mi post con el que estoy participando en el concurso 
de Looking for a New Generation, con el foro de Twilight Revolution.
Personaje: Chelsea Volturi TR 
Situación: Un dia de mucha sed lejos de la Volterra, encontro una mujer embarazada, alimentandose de ella y el bebé.

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Algo excelente de salir a una misión fuera de Volterra, era que después de cumplir el cometido encargado, quedaba bastante tiempo para divertirme.

El clima en Praga era nebuloso, el cielo anunciaba una cercana tormenta. La noche era fría y más obscura que de costumbre, tal vez anunciando a su peculiar visitante. El aire que se colaba en todas partes era sumamente frío, podía verlo en el rostro de los pocos humanos que se aventuraban a transitar por las solitarias calles.

Una sonrisa maliciosa se dibujó en mis labios al detectar en el aire mezclado entre el aroma de la lluvia y el mar, el familiar olor de la sangre joven pero con un toque especial. Su tenue rastro me llevó hacia una solitaria calle, donde frente a un almacén abandonado se encontraba un café. Apenas entrar en el pequeño local, su olor me dio de lleno en el rostro. Fue entonces que la vi, estaba de espaldas a la puerta poniendo una canción en la rockola del lugar.

Tomé asiento en una de las pocas mesas que había desocupadas y simplemente me limité a asentir cuando el mesero me ofreció el especial del día junto con el vino de la casa. Mi atención estaba fija en ella, en los movimientos que hacía con su cabello, dejando escapar con cada uno de ellos, el tenue olor del maravilloso elixir que corría por sus venas.

Una sed infinita empezó a consumirme y recordé que no me había alimentado desde que salí de Volterra... Tal vez sea tiempo de un tentempié como los que me gustan Entonces ella se dio la vuelta y vi lo que la hacía tan apetecible: estaba encinta. Me sonrió cuando nuestras miradas se cruzaron; había tal pureza y felicidad en sus ojos que decidí en ese momento que debía tener eso que ella irradiaba.

Apenas ocupó su lugar, me di cuenta de que estaba sola. Reí por dentro y pensé Menos diversión pero justo como me agrada: sin interrupciones Me dirigí a su mesa. Conforme me acercaba, el bouquet de su sangre me embriagaba los sentidos.
Bonita canción la que pusiste Le comenté con una sonrisa amistosa y usé mi don, haciendo que ella sintiera que yo era como una amiga de toda la vida ¿Me puedo sentar contigo? No me apetece estar sola esta noche, soy de Volterra y con este tiempo no creo poder regresar hoy. Me llamo Chelsea Volturi, por cierto... Sus ojos me mostraron que mi don había hecho efecto porque su mirada se iluminó al verme y me indico con la mano que tomara asiento al tiempo que respondía Que coincidencia, yo también vengo sola. Soy de Londres pero el ferry se ha retrasado por la tormenta. Vine a dejar mi incapacidad al casino donde trabajaba, pero lo cerraron apenas pasé bajo sus puertas, Esta tormenta ha hecho que todo cierre menos este pequeño café que encontré. Me llamo Alina Saint Claire Extendió su mano para saludarme. Me sorprendí de su inocencia y tomé la frágil mano que me daba. Fue sublime el calor que de ella emanaba, pude sentir su pulso tranquilo y el del ser que llevaba dentro un poco más agitado Quizás él sabe ya el destino que le espera Pensé para inmediatamente decir Mucho gusto Alina Casi arrastré las palabras al pronunciarlas. La garganta me ardía, quería inclinarme sobre ella y tomarla del cuello para poder beberla, para calmar esta necesidad que se desbordaba en mí. Pero aún no era el momento, aún faltaba un poco más. Me divertía retrasar el placer de probar un delicioso humano y ella era singular, su estado la hacía especial y codiciada.

La noche transcurrió tranquila, la joven hablaba y hablaba pero nunca se percató de que poco a poco nos íbamos quedando solas y que mis alimentos seguían intactos mientras que los de ella habían desaparecido. Me comentó que aun tenía el piso que rentaba cuando trabajaba en el casino y que ahí iría esa noche. Tenía un novio que la esperaba en Londres, se casarían en un mes antes de que ella cumpliera el octavo mes de embarazo porque querían que su hijo naciera dentro de un hogar establecido, que su novio no había querido que supieran el sexo del bebé sino hasta el alumbramiento, que él la amaba mucho, que era el hombre perfecto para padre de sus hijos El plan perfecto, el hombre perfecto, la vida soñada... hasta que ella se topó conmigo.

El final de la velada fue cuando nos anunciaron que estaban por cerrar. Al
salir me despedí diciendo que iría a la estación para esperar mi tren ahí; Alina dio unos pasos y volvió sobre los mismos. Sonreí cuando tocó mi hombro diciéndome Chelsea, puedes quedarte esta noche conmigo, si gustas Era tan ingenua que estuvo a punto de darme lástima Será un placer, Alina Le dije y afirmé con la cabeza y comenzamos a caminar rumbo a su departamento. A esa hora y con la tormenta encima, la calle estaba solitaria, solo se escuchaban los ladridos de los perros al pasar cerca de sus casas pero bastaba una mirada mía para que retrocedieran asustados.

Llegamos su casa, convenientemente situada en la entrada de la calle. Abrió la puerta, invitándome a pasar. Las paredes lucían desnudas, la mayoría de sus cosas se las había llevado la semana anterior pero aún tenía un sofá y una cama. Alina me dedicó una sonrisa antes de entrar al cuarto de baño Disculpa Chelsea, es una desventaja de mi estado, debes saberlo, ¿no? Me dijo imaginando tal vez que por ser un poco más grande que ella, tendría que tener hijos. Le sonreí y me senté en el sofá diciendo Nunca lo he sabido, no he tenido hijos Alina Ella me miró con lástima y me dijo con una estúpida sonrisa condescendiente Eres muy joven, pronto lo sabrás Quise levantarme en ese instante, romperle el cuello y beber su sangre pero me contuve y solo me encogí de hombros antes de que ella cerrara la puerta del baño tras de sí.

La lluvia golpeando las ventanas y el aroma de Alina en todo lo que me rodeaba, hicieron que mi garganta ardiera como fuego vivo. Era momento de alimentarme, nunca está bien alternar demasiado con la comida.

Me recosté en el sofá y cerré mis ojos fingiendo dormir. Escuchaba todo a mí alrededor; podía oír a Alina abriendo la llave del lavabo y el ruido que las gotas de agua hacían al resbalar por su mejilla. Mi sonrisa maliciosa descansaba en mis labios, solo esperando que la humana se acercara a mí para comenzar el juego macabro.

Alina salió del cuarto de baño Chelsea, el baño está listo si gustas pasar... ¿Chelsea? Preguntó al no verme sentada, caminó unos pasos y entonces se dio cuenta de que estaba recostada en el sofá. Dio media vuelta hacia su habitación para traer sábanas y almohada. Podía oír sus pasos sobre la alfombra, cada vez más cercanos, el ruido de la lluvia parecía hacer música junto con ellos en mi mente. Su olor, ese olor que emanaba, ese sabor que ya estaba casi degustando, hacia que mi garganta me ardiera, quería tocar con mis labios esa suave piel, sentir como cedía ante mi mordida, escuchar como su corazón se aceleraría al darse cuenta de lo que pasaba. Quería beberla, debía beberla... el latido de su corazón tan tranquilo me anunciaba su proximidad; en cambio el del bebé que albergaba en sus entrañas me decía que él lo sabía, sabía que no nacería, que nunca caminaría por la faz de la tierra.

Alina se paró a mi lado y extendió una sábana sobre mi cuerpo, después se inclinó sobre mí para tomar mi cabeza delicadamente y pasar por debajo la almohada. Entonces abrí los ojos. Vi su cálido y palpitante cuello expuesto frente a mí, mis labios estaban ansiosos por probarla, la ponzoña en mi boca empezó a fluir haciendo que mi garganta se inflamara de los deseos que tenía por alimentarme. Me levanté un poco sobre mis codos y la abracé por los hombros. Alina se quedó inmóvil, su cuerpo se tenso pero no se retiró. Mis labios rozaron la piel de su cuello y entonces le dije con voz tranquila Gracias... Alina pasó saliva y su corazón comenzó a acelerarse al preguntar ¿Gracias, por qué, Chelsea? Abrí mi boca exponiendo mis dientes y antes de morderla le dije con tono irónico Por esto... Fue entonces que por fin perforé su piel, rasgándola por completo y mi ponzoña comenzó a entrar en su cuerpo al mismo tiempo que su sangre fluía hacia mí. Alina emitió un débil quejido e hizo el ademán de levantarse pero la aferré por los hombros, haciendo que se sentara en el pequeño espacio que había entre el la orilla del sofá y mi cuerpo.

La sangre de Alina era deliciosa, el manjar prohibido. Su preñez le daba un sabor totalmente diferente, su juventud se podía sentir en cada gota que bajaba por mi garganta. Su corazón bombeaba más sangre para suplir la extraida y hacia que ésta saliera casi a presión hacia mi boca. Estuve a punto de dejarme llevar por mis instintos pero quería disfrutar la situación. No todos los días podía cazar y alimentarme de esta manera.

Me paré del sofá tomándola entre mis brazos, temblaba y se retorcía debido al doloroso tránsito de la ponzoña por todo su cuerpo. Sus piernas se movían con fuerza haciendo el intento de huir de mi Sshh... calma, pronto todo terminará, es inútil que luches, no podrás ganar Le susurré en el oído con mi voz tranquilizante pero ella insistía en querer escapar de mí, así que la apreté más, haciendo que comenzara a jadear por el dolor en sus piernas. Crucé el corto corredor para entrar a su recámara. La deposité en su cama, me recosté a su lado y la observé durante algunos segundos. Sus ojos me veían fijamente, con miles de interrogantes reflejándose en sus pupilas. Su cuerpo se convulsionaba por la ponzoña dentro de ella y el dolor de la mordida en su cuello pero más que nada por sospechar que su dolor apenas daba inicio. Acaricié su rostro y fui bajando mi mano por su cuello hasta que posé mi mano sobre su abdomen.

Alina en su infinito sufrimiento murmuraba algo, así que me acerqué a sus labios para poderla escuchar Mi bebé... Sus palabras fueron débiles y claras a la vez. La miré de nuevo y sonreí mientras subía la blusa que la cubría, dejando a la vista su vientre ¿Tu bebé? Pregunté relamiéndome el labio, aun extasiada del sabor de su sangre Mmm... ¿Qué pasa con tu bebé, Alina? La cuestioné mientras mi mano comenzaba a acariciar su prominente estómago, sintiendo como el ser que llevaba dentro de ella comenzaba a sentir la ausencia del flujo sanguíneo. Su piel era ahora más fría pero nada en comparación con mi tacto Tu bebé sigue vivo, Alina Le dije en un tono de voz misericorde. Ella me miró con un dejo de esperanza en su mirada y se atrevió a pedirme con vehemencia ¡Sálvalo... es... es inocente...Chelsea... sálvalo por... por favor salva a mi bebé! Sus palabras resonaron en la habitación al mismo tiempo que un relámpago interrumpia el habitual sonido que la lluvia hacia al caer.

¿Por qué debería salvarlo, Alina? Pregunté un poco enfadada con su atrevimiento Ni siquiera me gustan los niños Le dije despectivamente mientras le sonreía. Después volví mi vista hacia su abdomen. Se podían notar aún más las venas que rodeaban su ombligo, dándole un tono amoratado en la región donde su piel se estiraba más debido a la circunferencia que hacia su vástago en ella.
Hice presión con mi mano en su estómago y Alina gimió de dolor; la miré y volví a presionar al mismo tiempo que le decía Perdón, ¿te dolió? Esto te dolerá más Un quejido salió de sus labios, un quejido muy extenso para estar tan débil y sufrir el doloroso proceso de la ponzoña en su ser La fuerza de la sangre Pensé riendo y volví a presionar fuertemente, sintiendo como el ente que llevaba dentro se comenzaba a mover ¡Vaya, el bebé despertó! Exclamé asombrada y acerqué mis labios al oído de Alina Tal vez el bebé quiera salir a pasear... Le propuse en tono sarcástico y agregué entusiasmada Saquemos al bebé de su casa, porque quiere conocer a mami Alina y también quiere conocer a tía Chels... ¡démosle gusto! Mis últimas palabras iban cargadas de una verdad que a la pobre humana le hizo comenzar a derramar gruesas lágrimas que rodaron por sus mejillas. Subí mi mano y retiré una de ellas, llevándomela a los labios Delicioso. Simplemente el sabor de la antesala del dolor es inigualable... aún más si viene de una madre, querida Alina.

Me levanté de dónde estaba recostada y me senté en la cama justo al lado de ella. Elevé mi mano derecha dejando ver mis uñas que eran fuertes y afiladas como el mejor bisturí de un cirujano. La mirada de Alina al comprender mis intenciones me hizo sentir un placer absoluto, un deseo de continuar. El saberme más poderosa que ella y que cualquiera, el saberme poseedora de la decisión de vida o muerte tanto para ella como para ese ser que mantenía en su interior, me hizo sentir más viva que nunca.
El grito de Alina al deslizar y encajar con fuerza y precisión la uña de mi dedo índice en la piel de su abdomen, fue digno de las más espeluznantes películas de Hollywood. Mi mano izquierda se posó sobre su boca impidiendo que siguiera gritando Estamos en una casa alejada, es noche de tormenta y relámpagos pero no por eso debemos despertar a tus vecinos Alina, así que guarda silencio Sermoneé a la humana y continué hasta terminar de abrir su estómago en media luna hasta casi rozar su vientre bajo. La humana comenzó a mover sus piernas con fuerza, arrugando las sábanas de la cama en su intento de detener el curso natural de mi esencia, así que me detuve un momento y la miré Me obligas a ser mala contigo pequeña Le dije y rompí sus piernas a la altura de sus rodillas. No tenía tiempo para pequeños inconvenientes que no me dejaran disfrutar de mi lo que venía.

Mi interés se centró en la abertura de su vientre. Pude ver lo que buscaba y sonreí metiendo mi mano
dentro para tomar lo que ambicionaba. Alina hizo más presión contra mi mano con su boca pero controlé su grito aterrador al sentir que arrancaban de sus entrañas lo que por tanto tiempo anhelo y cuidó.

Las sábanas alrededor de su cuerpo empezaban a empaparse por el líquido carmesí que resbalaba de la abertura. Poco a poco la cama se iba transformando en una rojiza esponja así que me levanté tan pronto tuve en mis manos el ser que buscaba. No quería que mis pantalones se estropearan. La madre solo daba ahora largos suspiros acompañados de murmuraciones que no me detuve a tratar de comprender porque mi atención se centró en el bebé que cargaba entre mis manos.

El pequeño humano no lloraba, sus ojos estaban cerrados al contrario que los de su madre que me miraban como dos dagas hirviendo Tu hija no quiere dejarme ver el color de sus ojos Le reproché a Alina enseñándole el cuerpecito ensangrentado de su retoño haciéndole saber que su bebé era una niña. Pude notar que era una bebé rubia, de tez blanca, probablemente como el padre porque Alina era castaña y su piel apiñonada.

Vi al bebé por unos segundos más. Sin querer mis pensamientos volaron a lo que nunca podría tener Un bebé de Afton y mío Sonreí al darme cuenta de que en realidad ni siendo una humana, anhelé nunca tener hijos. Afton me amaba inmensamente así que mi amor le bastaba y sobraba así como a mí el de él.

Alina extendía sus débiles brazos, tal vez pidiéndome conocer a su hija e intentaba levantarse de la cama. Aún me maravillaba como habiéndola mordido y estar sufriendo los dolores de la ponzoña, podía pensar en su bebé.
Recosté al bebé a un lado de su madre, dejando que la viera por primera y última vez. El juego había terminado, no quería tener una compañera irritada conmigo por el resto de la eternidad.

La humana acarició el rostro de su retoño y ésta abrió los ojos... azules como el mar. Las lágrimas volvieron a fluir de los ojos de Alina y le murmuraba palabras de amor a su hija. El momento hubiera sido digno de una novela si no fuera porque a cada segundo el débil respirar de la niña iba menguando.

Me acerqué de nuevo a la cama y Alina hizo el intento de tomar a su hija en brazos, así que la tomé fuertemente de las manos, acercándome nuevamente a su cuello para terminar lo que comencé en la sala de su casa. Encajé con fuerza mis dientes en su piel y me deleité con el sabor de su distinguida sangre; Alina sacaba fuerzas de la desesperación, creyendo estúpidamente que aún existía esperanza, no para ella sino para su bebé. Los segundos pasaron y finalmente sentí que la ponzoña había regresado a mí junto con la última gota de vida de la mujer. Me separé de su cuello y dejé caer sus manos a los lados.

El pequeño corazón bombeando débilmente llamó mi atención así que me incline sobre la niña. Tomé una de sus manitas y mordí su muñeca. La suavidad de su piel era casi como morder mantequilla pero con un gusto más delicado. El sabor era el verdadero cielo, toda esa pureza, esa juventud, ese amor consumado en su alma, la hacía un verdadero manjar digno de los dioses... digno de un Volturi... digno de mí.

El pequeño rostro mostró molestia pero no lloró, dando a conocer la fuerza de su carácter aunque fuera un diminuto ángel.

Sin oponer resistencia el minúsculo ser abandonó la corta y cruel vida que le tocó vivir. Dejé caer su mano y me incorporé para ver mi obra. Una sonrisa malévola se dibujó en mi rostro: mi deseo había sido satisfecho, mi pequeño fetiche personal me había saciado lo suficiente hasta que se presentara de nuevo la oportunidad de degustar tan delicioso dueto.

Mis pasos me llevaron al cuarto de baño y abrí el grifo del agua comenzando a tararear una canción de cuna. Irónico en verdad pero así era yo y no me arrepentía de mis acciones. Enjuagué mis manos y rostro, acomodando mi cabello y retocando mi rostro hasta que el espejo me devolvió la imagen de mi magnificencia; entonces salí del baño y regresé a la habitación.

El cuerpo de la madre y la pequeña me parecieron tan lejanos y tan hermosos a la vez. Me acerqué a la cama para tomar la sábana que reposaba a sus pies, la extendí sobre el cuerpo de Alina, doblando el extremo superior de modo que el rostro de ella y el del pequeño ángel parecieran arropados sin privar de mi vista sus facciones serenas.

Suspiré ante la escena grabándola en mi memoria, di media vuelta sobre mis talones y me encaminé hacia la salida, cerrando la puerta de la habitación tras de mí. Me dirigí a la puerta y di vuelta a la perilla saliendo del departamento, dejando atrás la fría estela de la muerte. Llegué a la calle y la lluvia comenzaba a amainar su cortina de complicidad. Seguí tarareando la canción de cuna y me encaminé hacia el lugar donde mi Aston Martín estaba estacionado.

Es hora de volver a casa, tan bella escena familiar me hizo extrañar a Afton y a los demás Dije sarcásticamente para mí misma mientras encendía el auto, poniéndome en marcha de regreso a Volterra, de regreso a mi hogar, a los brazos de mi amor, a mi vida inmortal y a todo lo que eso significaba para mí... mientras en ese obscuro cuarto yacía el corazón de lo único que todo eso no podría darme jamás.
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